Arqueología de la miseria humana

antropologia_CLAIMA20130724_0192_14POR CECILIA FIEL (Revista Ñ)

El trabajo pionero del Equipo Argentino de Antropología Forense en la identificación de restos de desaparecidos es materia de exportación. Más de 40 países en el mundo han requerido de sus servicios y actualmente hacen excavaciones en Centroamérica.

La Bestia, para muchos, un camino de ida. En su trayecto se devora vidas, pero no cualquiera. Son las de inmigrantes desesperados que, a costa de todo, se suben al tren que los llevará a la tierra del sueño americano. Esta red ferroviaria que atraviesa todo México, desde el sur hacia el norte, es utilizada por los migrantes indocumentados que saltan al tren para llegar a la frontera con Estados Unidos. Muchas veces ese salto es mortal y, en medio de la desgracia, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) echa luz en el rearmado de un siniestro rompecabezas.

Reconocido internacionalmente, el EAAF se encuentra trabajando, actualmente, en este tema. Denominado Proyecto Frontera, se destaca por ser un trabajo regional que integra todo Centroamérica y la frontera sur estadounidense a partir de la creación de Bancos Forenses.

Frontera puede considerarse una prolongación de trabajos anteriores del EAAF en la región, como en los casos de Ciudad Juárez y de la Masacre del Mozote. Su labor pone en escena la importancia de la restitución de los cuerpos para la realización del duelo familiar y social.
En el camino de la memoria

Creado formalmente en 1987, el equipo se constituye como una organización civil sin fines de lucro. Actualmente, el EAAF tiene más de 50 profesionales trabajando en todas sus sedes, Argentina (Buenos Aires, Rosario y Córdoba), Nueva York, y en sus representaciones en Sudáfrica y México.

Hasta el momento, el EAAF trabajó en más de 40 países, apoyó y asesoró la creación de equipos de antropología forense en otros países como Colombia, Guatemala, Perú, Chile, Zimbabwe y Sudáfrica. Como parte de tribunales especiales, integró el tribunal para la ex Yugoslavia en el caso de los Balcanes, Bosnia y Kosovo durante fines de los años 90 y comienzos de los 2000, también para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas. Su trabajo también se ha expandido hacia el área de transferencia, de aquí que en 2012 inauguraron en Africa una escuela de Antropología Forense para Asia y Africa.

En la Argentina llevan identificados 573 desaparecidos víctimas de la última dictadura militar. En la actualidad, están realizando investigaciones en Campo de Mayo y continúan aportando pruebas a distintas causas vinculadas a los juzgados Federales en la Provincia de Bs. As., Córdoba, Santa Fe, Chaco y Tucumán, aunque saben que nunca se podrá llegar al número total y absoluto en la restitución de restos, ellos continúan un trabajo incesante. En cada restitución de un cuerpo se juega la posibilidad de duelo familiar y también social.

Fue a fines de los años 80, cuando el EAAF se incorpora al trabajo internacional. Por entonces, varios países latinoamericanos se encontraban saliendo de dictaduras y procesos violentos. Poco después, a partir del año 1987, gracias a la difusión de su trabajo en el exterior, Comisiones de la Verdad y organizaciones de Derechos Humanos se conectan con el EAAF y los convocan a trabajar en Centroamérica, por ejemplo, en el Proyecto Frontera, Ciudad Juárez y Masacre del Mozote.

El EAAF está especializado en la búsqueda y restitución de los restos de víctimas de violaciones a los derechos humanos y violencia política.

Esto se lleva adelante dentro de un contexto amplio de trabajo que consta de tres etapas, según explica Silvana Turner, antropóloga del EAAF “la investigación histórica y documental, el trabajo de campo con la excavación de un sitio, y el de laboratorio que incluye las técnicas de la antropología física para establecer el perfil biológico de la persona, la edad, la estatura, el sexo y también los rasgos individualizantes a través de la ficha odontológica, las lesiones y la patología. El último paso es la restitución de los restos a los familiares”.
Tránsito a la muerte

Actualmente, se encuentran trabajando, a nivel regional, con el proyecto Frontera en Centroamérica –Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Chiapas y estados norteños– con migrantes no localizados.

Estos países son zona de tránsito hacia los Estados Unidos que, dadas las políticas norteamericanas centradas en cerrar la frontera mexicana, sufrieron una intensificación de las técnicas de detención de cruce ilegal de personas indocumentadas. Esto hizo que los migrantes tuvieran que reencaminar el paso hacia Estados Unidos por las zonas de más difícil acceso. Aquel que solía caminar dos días en el desierto para cruzar a los Estados Unidos ahora debe hacerlo durante siete días. Esto produjo un incremento de los casos de muerte de migrantes en el desierto de Arizona “En los últimos años la situación se complejizó un poco más, antes el camino de los migrantes era separado a la ruta utilizada por el narcotráfico, ahora van por el mismo lado”, explica la antropóloga Sofía Egaña, integrante del EAAF. “El tema de la migración se ha dado siempre, pero antes se realizaba con un guía o coyote que, por lo general, era un vecino del pueblo. Ahora esto se ha tercerizado lo que lleva a la pérdida de vínculos. Cada vez más seguido los migrantes se cruzan con redes criminales en el camino, lo que deriva en una situación dramática”.

Un punto central de su investigación para la identificación de restos de migrantes fue el trabajo con los servicios médicos de la frontera sur de Estados Unidos, caso del estado de Pima County, Arizona, donde poseen, en sus servicios médicos, un alto número de restos sin identificar, dado que los migrantes mueren del lado norteamericano.

Este punto sobresaliente del trabajo tuvo lugar mientras el Equipo trabajaba en los casos de Ciudad Juárez. Allí observaron que 48 familias permanecían con hijas en condiciones de desaparición dado que no se correspondían con los restos que se encontraban en el Cemefo del lado mexicano.

Con la hipótesis de que las víctimas habrían sido llevadas del otro lado y fallecido en Estados Unidos, el EAAF se puso en contacto con una morgue del condado de Pima y comenzó a trabajar en colaboración. “Sólo esa morgue poseía 700 cuerpos no identificados, y el perfil se enmarcaba dentro del ‘estereotipo’ migrante, tal como el lugar de hallazgo de los cuerpos, rasgos y perfil biológico de las personas”, amplía Sofía Egaña.

De esta forma, el Equipo comenzó a trabajar a nivel regional (incluyendo país de origen, país de tránsito, país de arribo), impulsó la creación de bancos forenses, que facilitó el cruce de información y permitió trabajar juntamente con organizaciones gubernamentales, no gubenamentales y cancillerías. Gracias a los bancos forenses, que poseen una carpeta por migrante desaparecido con su muestra de ADN, facilita el cotejo de la muestra con los hallazgos, y permite el cruce de información para que un familiar que tiene un migrante, que pudo haber muerto en Arizona, le sea restituido el cuerpo.

Por primera vez en México, y por iniciativa del EAAF, el equipo realizó la primera comparación masiva de ADN en el caso de Ciudad Juárez. Este procedimiento se llevó a cabo con el fin de comparar todos los perfiles genéticos de muestras sanguíneas donadas por familiares con una mujer o niña desaparecida con el perfil genético obtenido de los restos femeninos sin identificar o de identificación dudosa.

Lugar del mayor femicidio de los últimos tiempos, Ciudad Juárez posee una alta concentración de mano de obra femenina debido a la instalación de las maquilas, es decir, de las fábricas que trabajan en forma disociada la línea de producción.

Fue a partir de 2001 que comenzaron a aparecer restos esqueletizados de mujeres en zona urbana y desértica, sumado a las denuncias por desapariciones. Hacia el año 2004 el EAAF es convocado para trabajar en la identificación de restos y hasta el año 2009 trabajó con 112 expedientes de homicidio y desapariciones de mujeres.
Explicar los exterminios

En cuanto a delitos de Lesa Humanidad sobresale el trabajo realizado en El Salvador centrado en la recuperación de los cuerpos de la masacre del Mozote (1981), cuyo contexto rural le dio particularidad al trabajo.

Los sobrevivientes de la masacre solían tener entre 10 y 20 familiares desaparecidos, es decir, padres, hermanos, tíos, sobrinos, dado que en la masacre se había utilizado la estrategia denominada “quitarle agua al pez”, o bien “Tierra arrasada” es decir, arrasar completamente con la población. A pesar de la Ley de Amnistía dada por el estado salvadoreño, las ONG Tutela Legal del arzobispado de El Salvador demandó al estado para que se restituyeran los restos de las víctimas del Mozote. Allí, intervino directamente el EAAF junto con Probúsqueda de niños y niñas desaparecidos en conflicto armado interno (PROBUSQUEDA) buscando a los niños secuestrados, nacidos en cautiverio y desaparecidos en las masacres, muchos de ellos dados en adopción y buscados en otros países. En los casos de fallecimiento de los niños, el EAAF interviene buscando sus restos.

La restitución del cuerpo es la pieza fundamental para que la familia, y también la sociedad, realicen el duelo y, a través del ritual de enterramiento, pongan fin a la vida física de la persona. El cuerpo enterrado, la tumba, nos permite proximidad con el fallecido, estar frente a sus restos nos posibilita llorarlo pero con sensación de cercanía, como si él o ella estuviera allí.

El trabajo del EAAF restituye, frente a la ausencia de vida, la presencia del cuerpo.