LUCAS KRAGLIEVICH: 125 AÑOS

Jueves, 04 de Agosto 2011 | INFOBAL  AHORAINFO 

Por Carlos Quintana. El tres de agosto se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de uno de los científicos balcarceños más destacados: Lucas Kraglievich (1886-1932).

Como muchos de sus familiares, nació en el ámbito rural aunque pasó su infancia en la ciudad hasta que se trasladó a Buenos Aires para seguir los estudios secundarios y más tarde para iniciar la carrera de ingeniería mecánica. Sin embargo su amor por las ciencias naturales lo llevó a vincularse desde temprano con el Museo Nacional de Historia Natural atraído por su interés por la paleontología.

Hacia 1912 tuvo una experiencia que posiblemente haya sido la que marcó su futuro: realizó una expedición geopaleontológica de diez meses a las provincias de Chubut y Santa Cruz. A su regreso continuó su vinculación con el actual Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia» pero ya como “adscrito honorario” y trabajando junto a Carlos Ameghino.

A partir de esa experiencia no detuvo su estudio por el pasado paleontológico de nuestro país, principalmente por los mamíferos y aves fósiles de la Región Pampeana.

Su notoriedad llegó a la administración del Museo de La Plata desde donde fue tentado varias veces a hacerse cargo del Departamento de Paleontología de Vertebrados, pero su afecto por el Museo Nacional y su vínculo con la tradición académica ameghiniana lo llevó a rechazar ese cargo de privilegio.

Kraglievich también hizo aportes pioneros a la paleontología de Uruguay donde realizó investigaciones, pero principalmente alentó a naturalistas orientales para que generen colecciones científicas y museos para que se propicie el desarrollo de esta ciencia.

El Museo Nacional fue la institución que le dio mayores satisfacciones y en dónde llegó a ser Director Interino y Jefe de la Sección de Paleontología, reemplazando a Carlos Ameghino, distinciones que se ganó con su trabajo lúc! ido y original y que se suman a sus dos presidencias de la Soc! iedad Ar gentina de Ciencias Naturales.

Durante su corta vida produjo más de 80 informes científicos centrados principalmente en los mamíferos y aves extinguidos, entre los que descubrió e interpretó a más de 300 taxones desconocidos para la ciencia. Su obra completa fue compilada en tres gruesos volúmenes.

Sus aportes al conocimiento de la paleontología lo configuraron como el heredero de la tradición científica iniciada por Florentino Ameghino, ya que fue quién hizo los principales aportes sobre la paleontología nacional, hasta alrededor de la década de 1950 que es cuando esta ciencia comenzó un crecimiento acelerado en nuestro país.

La vida académica de Kraglievich también se conforma en un triste caso testigo que, a lo largo del siglo 20, se convirtió en un patrón perverso del maltrato a los científicos nacionales. Durante 1930 el primer golpista argentino, José Félix Uriburu, impuso una dictadura que fue la que inició la persecución de intelectuales y librepensadores. Kraglievich no quedó exento de esta situación y debió migrar al extranjero, como más tarde debieron hacer César Milstein, Bernardo Hussay, Osvaldo Reig y tantos científicos que por su trabajo honesto vieron peligrar su vida ante nuevas versiones de dictaduras militares.

Poco tiempo después este balcarceño que supo trascender desde su origen modesto falleció doblegado por la enfermedad y la tristeza de ver cómo su obra iba siendo sepultada por la incomprensión y la mediocridad de una administración y la ambición de inescrupulosos. Así es nuestro país, capaz de generar hombres como Lucas Kraglievich, y también otros que los condenen a ser testigos de la destrucción de sus obras.

El pueblo de Balcarce le rindió un homenaje a este sabio asignándole su nombre a una calle y a un colegio de esta ciudad. Su modesto busto en la plaza central permanece opacado por la sombra del majestuoso monumento a José Félix Uriburu, el dictador que inauguró la tradición golpista en nuestro país y la apostasía por la Constitución Nacional.

A 125 años del nacimiento de Lucas Kraglievich, seguramente el mejor homenaje que podemos rendir a su memoria y en agradecimiento de haber sido un ejemplo para la posteridad es erigir un gran monumento en su honor con el bronce fundido de la estatua del dictador que le negó a este noble balcarceño poder seguir desarrollando su genio científico y su amor por las ciencias naturales.